La boda de Lenny Kravitz y Lisa Bonet: eran mejores amigos, ella tropezó con un cable y se dieron un beso que lo cambiaría todo


Se casaron de repente el 16 de noviembre de 1987 en Las Vegas con In my life, de Los Beatles como banda sonora

Él era un músico virtualmente desconocido que buscaba abrirse camino en la complicada escena de Los Ángeles. Ella, la chica del momento, una estrella de la pequeña pantalla adorada por medio mundo. Para cuando terminaron su romance, las tornas se habían invertido: ella volvió a un relativo anonimato y él acabó convirtiéndose en una de las estrellas del rock más longevas y emblemáticas de nuestra época. Lenny Kravitz y Lisa Bonet fueron amigos íntimos antes que amantes, y lograron volver a serlo cuando el amor desapareció. Esta es su historia.

Todo comenzó cuando a mediados de los 80 Lenny Kravitz vio una portada de la revista TV Guide dedicada al show La hora de Bill Cosby. Según escribiría en sus memorias Que rule el amor, se fijó en la joven hija de la familia televisiva y dijo la frase que seguro que miles de adolescentes americanos pronunciaron en algún momento sobre Lisa Bonet: “Voy a casarme con ella”. En su caso, lo consiguió.

Cuando en 1984 se estrenó La hora de Bill Cosby, la adolescente Lisa Bonet pasó de total desconocida a estrella de la noche a la mañana. La telecomedia protagonizaba por Bill Cosby se convirtió en un fenómeno cultural del que podían extraerse además complejas lecturas sociológicas. Pero vayamos de nuevo a la historia de Lenny y Lisa. En 1985 ambos acudieron, por separado, a un concierto de New Edition en el Auditorio Gibson de Los Ángeles. Él estaba allí porque aquel era su círculo, en calidad de músico profesional, y había tocado con varios de los integrantes del grupo. Ella estaba allí en calidad de estrella, bien recibida en todas partes, acompañada de un ejecutivo de la industria musical con el que salía en aquel momento. Al encontrarse en el backstage, Lenny se armó de valor y le dijo: “Me gusta tu peinado”. “También a mí me gusta el tuyo”, respondió ella con una sonrisa (por aquella época, ambos llevaban el pelo corto y muy rizado). “Congeniamos inmediatamente. Sin decir gran cosa, hubo cierto magnetismo. Nunca antes había tenido un encuentro así. Éramos de la misma tribu”.

Lenny y Lisa comenzaron a hablar por teléfono con frecuencia, en principio como amigos, porque “ella tenía novio, o novios”, y Lenny estaba prometido con su novia Mitzi, la modelo Ming See Lau. Hija de un adinerado hombre de negocios de Hong Kong, Mitzi sufragaba casi por entero la vida de Lenny en aquel momento, mientras él luchaba por abrirse camino en el mundo de la música con el nombre, todavía, de Romeo Blue. Pronto, Lenny y Lisa establecieron una relación de amistad, incluso, según él, fraternal. Pese a que él tenía 21 años y Lisa 18, más bien parece que era ella la que ejercía de hermana mayor, más sabia, segura de sí misma y exitosa en la vida, mientras Lenny/Romeo Blue no terminaba de encontrar su lugar como artista, dudando si seguir en un grupo o lanzarse como solista.

“Lisa Bonet era una de las mujeres más deseadas del mundo, pero eso a mí me traía sin cuidado. Entre Lisa y yo no se daba, ni por asomo, esa energía que surge cuando un hombre le entra a una mujer o una mujer persigue a un hombre. Pese a su gran éxito comercial, Lisa era un alma pura que, como yo, había adoptado la ética de paz y amor de una era anterior. Atrevida e intrépida, pero al mismo tiempo, frágil y dura; como una niña extraviada, pero también un bastión incólume”.

La carrera de Lenny como músico seguía yendo lenta y la de Lisa encontró en El corazón del ángel un tropezón que se saldó con un fracaso en taquilla tan sonoro como polémico había sido su estreno. Durante la gira por el estreno en el 87, invitó a Lenny a un viaje a Orlando con más gente, aunque como aclara él, “dormimos en habitaciones separadas”. Para entonces, ya pasaban mucho tiempo juntos, siempre eso sí con más gente.

"Nos veíamos cuatro o cinco veces a la semana. Me leía poesía. Yo tocaba la guitarra. Escuchábamos discos y veíamos películas. Como yo, tenía hermanastros, pero también como yo, había sido educada como hija única. Buscaba su otra mitad. Lo mismo que yo”.

Estaba claro que tanta intimidad y tan profunda relación mística acabarían dando paso a otra cosa o saltando por los aires. Así, una noche, Lenny estaba grabando en un estudio y Lisa acudió a hacerle compañía. Cuando después de la sesión caminaban solos por un pasillo, Lisa tropezó con un cable e, inesperadamente, cayó en sus brazos. Estaban cara a cara. El tiempo se detuvo. Se miraron a los ojos y de esta manera llegó el ansiado y largamente postergado primer beso.

Ante una situación en la que ya se conocían con profundidad, se habían contado sus vidas, sus anhelos y deseos, las cosas siguieron desarrollándose velozmente. Se consideraban almas gemelas. La mañana en la que Lisa cumplía 20 años, la pareja se despertó entre los habituales arrumacos y juramentos de amor encendido. Pero en aquella ocasión hubo una novedad. Lenny le susurró “ya sabes que me casaría contigo”, a lo que ella respondió que ella también lo haría. “Pero ahora mismo”, insistió él. Y como ella aseguró que ella también se casaría con él ahora mismo, decidieron hacerlo realidad. Eral el 16 de noviembre de 1987, y pocas horas después, previo paso por una joyería para comprar un anillo antiguo, estaban en Las Vegas. Del aeropuerto, un taxista les condujo a la Chapel of love, siempre dispuesta para estos menesteres. Eligieron la canción In my life, de Los Beatles, y celebraron su matrimonio. Lenny lo resume así: “La ceremonia fue breve y cursi, pero ¿qué pasa? Fue hermosa”.

De aquella relación tan idílica nació el 1 de diciembre de 1988 Zoë Kravitz. También llegó Let love rul, que no fue un éxito fulgurante en Estados Unidos pero sí hizo un buen papel en Europa. A los 25 años, Lenny se embarcaba en su primera gira con una banda, en la que por momentos le acompañaban su esposa y su hija. Estaba consiguiendo su sueño, la felicidad completa. Y entonces, las cosas empezaron a torcerse. La quietud de una Lisa que se había apartado del foco de la fama para estar con su hija contrastaba con la actividad de una incipiente estrella del rock que empezaba a parar poco por casa. Y aquella conexión que sentían comenzó a resquebrajarse.

Todo esto coincidió con el proceso de gestación del segundo álbum de Lenny, Mama said, publicado en abril del 91. El músico siempre fue claro: se trataba de un disco sobre la separación de Lisa Bonet, lleno de canciones muy íntimas, como It Aint Over Til Its Over, en la que hablaba del dolor y las lágrimas de la separación pero parecía no resignarse a dar por cerrado el romance para siempre.

“Sentí un dolor tremendo cuando rompimos, tremendo. Durante unos seis meses, sólo dormí dos horas al día, de cuatro a seis de la mañana. El tiempo que estaba despierto era como un zombi. Me quedé derribado”.

La separación se produjo en el 91 y el divorcio llegaría dos años más tarde. Zoë se quedó a vivir con su madre (a los 11 años pasaría a hacerlo con Lenny), en el valle de Topanga, siguiendo ese espíritu hippie-chic de la libertad que da saber que no tendrás problemas de dinero.

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