Cuando el pop salvó al rock: la noche en que Bowie rescató a Lou Reed


Una historia real de excesos, amistad improbable y un giro creativo que cambió para siempre la música moderna

Hay noches que no solo definen una carrera, sino que reescriben la historia de la música. Una de ellas ocurrió en Londres, a principios de los años setenta, cuando un joven David Bowie —todavía lejos de ser el icono global que sería después— decidió que Lou Reed, recién salido de The Velvet Underground y hundido en una espiral de autodestrucción, merecía una segunda vida artística. Aquella alianza improbable entre el glam emergente y el rock más oscuro dio lugar a uno de los rescates creativos más fascinantes del pop y el rock.

El encuentro que nadie esperaba

A finales de 1971, Lou Reed vivía uno de sus momentos más bajos. Había abandonado The Velvet Underground, trabajaba temporalmente en la empresa de contabilidad de su padre y parecía haber renunciado a la música. Bowie, en cambio, estaba a punto de despegar con Hunky Dory y ya preparaba el personaje que lo convertiría en leyenda: Ziggy Stardust.

Cuando Bowie escuchó las primeras maquetas en solitario de Reed, vio algo que el propio Lou había dejado de ver: un talento brutal, incómodo, poético y adelantado a su tiempo. Bowie insistió en producir su siguiente disco y convencer a la industria de que Reed no era un artista del pasado, sino un visionario que aún tenía mucho que decir.

Transformer: el renacimiento

El resultado de aquella colaboración fue Transformer (1972), un álbum que hoy es un pilar del rock moderno y una referencia absoluta para generaciones de músicos. Bowie y Mick Ronson pulieron las canciones de Reed sin limar su crudeza, añadiendo arreglos glam, coros inesperados y una producción que convertía la oscuridad en belleza.

De ese disco nacieron himnos como Walk on the Wild Side, Perfect Day o Satellite of Love, canciones que mezclaban marginalidad, ternura y provocación con una naturalidad que solo Reed podía escribir y solo Bowie podía amplificar. Transformer no solo devolvió a Reed al mapa: lo convirtió en una figura esencial del rock de autor.

Una amistad tan brillante como frágil

La relación entre ambos artistas fue intensa, creativa y, como era de esperar, turbulenta. Reed admiraba a Bowie, pero también desconfiaba de su creciente fama. Bowie idolatraba a Reed, pero sufría sus cambios de humor y su tendencia al conflicto. Aun así, durante unos años formaron una de las alianzas más influyentes del pop y el rock.

Su amistad terminó rompiéndose, pero el legado de aquella etapa sigue vivo: sin Bowie, Reed quizá no habría regresado a la música; sin Reed, Bowie no habría encontrado parte de la oscuridad que definió su obra posterior.

El día en que el pop salvó al rock

La historia de Bowie y Reed es la prueba de que la música avanza gracias a encuentros improbables. Un artista glam británico y un poeta maldito de Nueva York se cruzaron en el momento exacto para cambiarse la vida mutuamente… y de paso cambiar la historia del rock.

Dolores del Orto (Pepe Radio)


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