La anécdota de Álvaro Urquijo: el día que su padre descubrió que había comprado un amplificador


El líder de Los Secretos recuerda una de las historias más reveladoras de sus inicios y cómo marcó su camino musical

Álvaro Urquijo, voz y guitarra de Los Secretos, ha compartido a lo largo de los años numerosas vivencias que han moldeado su trayectoria personal y artística. Entre ellas destaca una anécdota que, pese al paso del tiempo, sigue siendo una de las más significativas: el día en que su padre descubrió que se había comprado un amplificador, una decisión que, para un joven músico de la época, representaba mucho más que un simple capricho.

A sus 63 años y con casi cinco décadas de carrera, Álvaro ha repasado en entrevistas y en su libro Siempre hay un precio los momentos clave que definieron su vocación. Uno de ellos ocurrió cuando, siendo apenas un adolescente, decidió invertir sus ahorros en un amplificador cuyo precio superaba incluso el valor del coche familiar. Aquella compra, vista desde la perspectiva de un hogar donde la música no se consideraba una profesión estable, provocó un choque generacional inevitable.

Un gesto que marcó una vocación

Según ha relatado el propio Álvaro, su padre reaccionó con dureza al enterarse de la compra. No entendía cómo su hijo podía gastar tanto dinero en un aparato destinado a una actividad que, en aquel momento, parecía más un pasatiempo que un futuro profesional. Sin embargo, para Álvaro, aquel amplificador simbolizaba un compromiso profundo con la música, una apuesta personal que, aunque arriesgada, acabaría definiendo su vida.

El músico recuerda ese episodio con una mezcla de humor, cariño y perspectiva. Con el tiempo, aquel conflicto doméstico se transformó en una anécdota que ilustra la determinación con la que él y sus hermanos —Enrique y Javier— se adentraron en el mundo musical, primero con el grupo Tos y más tarde con Los Secretos, una de las bandas más influyentes de la movida madrileña.

Un repaso a su historia familiar y artística

En Siempre hay un precio, Álvaro profundiza en sus recuerdos, desde los inicios en la música hasta los momentos más duros, como la pérdida de su hermano Enrique. El libro surge, según explica, de la necesidad de ordenar su memoria tras años de entrevistas fragmentadas y versiones incompletas de su historia.

La anécdota del amplificador aparece como un símbolo de esa época: un tiempo de decisiones impulsivas, sueños grandes y una pasión que, pese a las dificultades, terminó imponiéndose. Álvaro reconoce que, visto desde hoy, aquel joven que desafió la lógica familiar era “un iluso, un inocente y un descerebrado”, pero también alguien que ya intuía su destino.

Un legado que sigue vivo

Hoy, Los Secretos continúan en activo, llenando teatros y manteniendo vivo un repertorio que forma parte de la memoria musical de España. Álvaro, convertido en referente generacional, mira atrás con serenidad y orgullo. La historia del amplificador no es solo una anécdota divertida: es la prueba de que, a veces, las decisiones más incomprendidas son las que abren el camino correcto.

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