David Bowie: la sorprendente donación que hizo a unos fans el mismo día de su muerte
La historia real detrás del gesto secreto del “Duque Blanco” hacia un pequeño pueblo inglés que nunca olvidará su generosidad
En los últimos días de su vida, David Bowie dejó un gesto tan inesperado como profundamente humano que permaneció oculto durante años. No se trató de un lanzamiento musical, ni de un mensaje público, ni de una despedida artística. Fue algo mucho más sencillo y, a la vez, revelador: una donación de 10.116 libras esterlinas a un pequeño pueblo de Warwickshire, en Inglaterra, que jamás imaginó recibir ayuda del legendario “Duque Blanco”.
La historia comienza en Binley Woods, una localidad tranquila donde Norman Miller, miembro del comité del ayuntamiento, buscaba financiación para construir un aparcamiento municipal. En 2014, en un acto de audacia y humor, decidió escribir a Bowie para pedirle… un concierto benéfico en el ayuntamiento. La propuesta era tan improbable que parecía destinada a no recibir respuesta.
El hijo del artista, Duncan Jones, contestó inicialmente explicando que Bowie no podía aceptar nuevos compromisos debido a su delicado estado de salud. Sin embargo, Miller no se rindió. Durante dos años, siguió enviando cartas llenas de anécdotas familiares, chistes y noticias del equipo local, el Coventry City, los “Sky Blues”. Aquella correspondencia, lejos de ser ignorada, terminó convirtiéndose en un pequeño rayo de luz para el músico en sus días más difíciles.
El 10 de enero de 2016, el día en que Bowie falleció, Miller recibió una respuesta inesperada de la familia. En ella, Duncan Jones revelaba que las cartas habían alegrado sinceramente los últimos días del artista. Como muestra de gratitud —y en un gesto que él mismo definió como una mezcla de humor y “genialidad publicitaria”— la familia decidió donar 10.116 libras, una cifra que coincidía simbólicamente con la fecha del fallecimiento: 10/1/16.
El dinero llegó ese mismo día. Miller recuerda cómo acudió al banco con la carta en la mano, incrédulo, mientras los empleados abrían una cuenta para recibir la transferencia. La donación permitió cubrir el depósito necesario para iniciar la construcción del aparcamiento, que hoy los vecinos conocen cariñosamente como “el aparcamiento que pagó David Bowie”.
Una década después, el presidente del consejo parroquial, Paul Salisbury, reconoce que sin aquella aportación el proyecto probablemente habría quedado paralizado. Lo que comenzó como una broma terminó convirtiéndose en un legado inesperado: un recordatorio de que incluso las estrellas más grandes pueden dejar huellas pequeñas, íntimas y profundamente humanas.
Este episodio, poco conocido incluso entre los fans más fieles, muestra una faceta discreta y generosa de Bowie. Un gesto silencioso que, lejos de los focos, revela la sensibilidad de un artista que supo conectar con la gente hasta el final.
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