Ringo Starr: la sorprendente carrera cinematográfica del Beatle más inesperado


De batería a actor de culto: así construyó Ringo una filmografía tan peculiar como entrañable

La figura de Ringo Starr siempre ha estado envuelta en una mezcla de simpatía, discreción y carisma natural. Durante décadas, el mundo lo ha identificado como el baterista de The Beatles, el miembro más amable y aparentemente menos protagonista del cuarteto de Liverpool. Sin embargo, detrás de esa imagen se esconde una trayectoria paralela que pocos artistas del pop británico han logrado desarrollar con tanta autenticidad: una carrera como actor que, sin buscarlo, lo convirtió en un icono de culto.

Su debut llegó en 1964 con A Hard Day’s Night, la película que capturó el espíritu de la Beatlemanía y que mostró a Ringo en un registro que sorprendió a crítica y público: torpe, melancólico, divertido y profundamente humano. Aquella interpretación, lejos de ser un simple acompañamiento, reveló una naturalidad ante la cámara que lo diferenciaba incluso de sus compañeros. Su presencia tenía algo magnético, casi accidental, que conectaba con la audiencia.

El éxito continuó con Help! (1965), una comedia psicodélica donde Ringo se convirtió literalmente en el centro de la trama. Su personaje, perseguido por una secta debido a un anillo maldito, consolidó una idea que empezaba a tomar forma: Ringo era el Beatle más cómodo actuando. Sin pretensiones, sin artificio, sin necesidad de demostrar nada.

Tras la separación de la banda en 1970, mientras Lennon, McCartney y Harrison exploraban caminos musicales y espirituales, Ringo tomó una ruta inesperada: seguir actuando. Y lo hizo aceptando papeles tan variados como improbables. Desde The Magic Christian (1969) hasta Blindman (1971), un western italo-español donde interpretó a un bandido mexicano, Starr demostró que su talento no residía en transformarse, sino en reírse de sí mismo y abrazar el absurdo con una autenticidad desarmante.

Los años 70 consolidaron su estatus como actor de culto. Participó en proyectos tan extravagantes como 200 Motels (1971) de Frank Zappa o Son of Dracula (1974), un musical delirante que fracasó en taquilla pero que hoy es una joya para coleccionistas. En cada aparición, Ringo aportaba una mezcla de humor británico, ligereza y falta total de vanidad que lo hacían único.

Durante los 80 y 90, su presencia se trasladó a la televisión, especialmente como narrador en Thomas the Tank Engine, donde se convirtió en una figura familiar para una generación que quizá nunca lo vio tocar la batería.

Hoy, con más de 80 años, Ringo Starr es una rareza encantadora: un músico legendario que encontró en el cine un espejo alternativo, un espacio donde no necesitaba ser una estrella, sino simplemente él mismo. No fue Brando ni Nicholson, pero sí algo más difícil de conseguir: auténtico, memorable y profundamente querido.

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