David Bowie y las drogas: un viaje creativo marcado por excesos y reinvención


El artista británico experimentó con cocaína, LSD y otras sustancias entre los años sesenta y setenta, influyendo en su música y en su vida personal

La historia de David Bowie no puede entenderse sin mencionar su compleja relación con las drogas. Desde sus primeros años en Londres durante la década de 1960 hasta su célebre etapa en Berlín en los setenta, el músico británico atravesó un camino lleno de excesos que marcaron tanto su creatividad como su vida personal.

Bowie reconoció en múltiples entrevistas que las drogas fueron una parte inseparable de su proceso artístico. “La música es solo una extensión de mí, así que la pregunta realmente es: ¿qué me han hecho las drogas? Me han jodido, creo. Me jodieron muy bien y disfruté mucho al ver cómo era estar jodido”, confesó en una ocasión.

De las pastillas al auge de la cocaína
El artista comenzó con sustancias más ligeras, como pastillas, cuando apenas era adolescente. En los años sesenta probó LSD, aunque lo consideró decepcionante: “Lo hice tres veces. Era muy colorido, pero pensé que mi imaginación ya era más rica que el propio ácido”.

El verdadero punto de inflexión llegó en 1974, cuando Bowie se sumergió en la cocaína de manera intensa. Su adicción alcanzó niveles preocupantes, afectando su salud física y mental. En medio de este consumo, fue detenido en Rochester por posesión de marihuana, un episodio que reflejaba la magnitud de su implicación con las drogas.

Berlín: un intento de redención
A mediados de los setenta, Bowie decidió mudarse a Berlín junto a Iggy Pop en un intento por dejar atrás su dependencia. Aunque continuó consumiendo cocaína durante algunos años, esta etapa fue clave para redefinir su carrera. De allí surgió la célebre “Trilogía de Berlín” (Low, Heroes y Lodger), considerada una de las fases más innovadoras de su discografía.

Las drogas, sin embargo, no solo afectaron su salud, sino también su voz, sus decisiones creativas y sus relaciones personales. La intensidad emocional y espiritual de los setenta contrastaba con la experimentación más inocente de los sesenta.

Anécdotas y excesos
Entre las historias más llamativas figura la narrada por Debbie Harry de Blondie, quien contó que Bowie e Iggy Pop aspiraron toda la cocaína que ella tenía en un solo encuentro. Bowie, en tono excéntrico, llegó incluso a mostrar su cuerpo como gesto de agradecimiento, reflejando la mezcla de humor, exceso y desenfado que caracterizaba aquella época.

Conclusión
La relación de David Bowie con las drogas fue tan destructiva como inspiradora. Sin ellas, probablemente su obra no habría alcanzado las mismas cotas de innovación, aunque también le costaron años de lucha personal y problemas de salud. Su capacidad de reinventarse y superar esa etapa oscura lo convirtió en un símbolo de resiliencia y creatividad.

Hoy, su legado musical sigue vivo, recordándonos que detrás de cada obra maestra hubo un artista que exploró los límites de la imaginación, incluso a costa de su propio bienestar.


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