El día que Michael Jackson compró las canciones de The Beatles: una jugada maestra que cambió la industria musical
Hace 40 años, el Rey del Pop adquirió los derechos editoriales del catálogo de The Beatles por 47 millones de dólares, revolucionando el negocio musical y dejando una lección eterna sobre el poder de la propiedad intelectual
En septiembre de 1985, Michael Jackson protagonizó una de las operaciones más impactantes en la historia de la música: la compra de ATV Music Publishing por 47 millones de dólares. Esta adquisición le otorgó el control editorial de más de 250 canciones de The Beatles, además de unas 4.000 obras adicionales. Cuatro décadas después, este movimiento sigue siendo un referente estratégico en el negocio musical y un caso de estudio sobre la importancia de los derechos de autor.
Para comprender el alcance de esta compra, hay que remontarse a 1963, cuando John Lennon y Paul McCartney fundaron Northern Songs junto a Brian Epstein y el editor Dick James. Esta sociedad gestionaba los derechos de autor de sus composiciones. Tras la muerte de Epstein, James vendió su participación a ATV, propiedad del magnate Lew Grade, lo que dejó a los Beatles sin control sobre su propio catálogo.
En los años 80, ATV pasó a manos del empresario australiano Robert Holmes à Court, quien decidió poner el catálogo en venta. Jackson, influenciado por conversaciones previas con McCartney sobre el valor de los derechos editoriales, presentó la oferta ganadora. Aunque no adquirió los másters ni las grabaciones originales —que pertenecen a las discográficas—, sí obtuvo los derechos sobre las composiciones: música y letra. Esto significa que cada vez que una canción se reproduce, se vende o se licencia para cine, televisión o publicidad, el propietario editorial recibe ingresos.
La compra generó controversia, especialmente cuando en 1987 se utilizaron canciones de The Beatles en anuncios publicitarios, algo que los miembros originales siempre habían rechazado. Sin embargo, Jackson tenía la autoridad legal para hacerlo, lo que evidenció ante el público general el poder que otorgan los derechos editoriales.
Más allá del impacto económico, esta operación dejó huella en lo personal. Paul McCartney lamentó que un amigo —con quien había grabado éxitos como “Say Say Say”— se hiciera con el control de sus obras. Aun así, la lección fue clara: en la industria musical, entender y proteger los derechos editoriales puede ser tan crucial como el talento artístico.
La compra de ATV por parte de Jackson no solo fue una inversión visionaria, sino también el inicio de una tendencia global: invertir en catálogos musicales como activos financieros. Desde entonces, editoriales y fondos han seguido su ejemplo, consolidando la idea de que las canciones son mucho más que arte: son patrimonio con valor estratégico.

¡Cumplimos 18 años!