Cuando Robbie Williams rompió el molde
A treinta años de su salida de Take That, el gesto que sacudió los cimientos del pop adolescente
El 17 de julio de 1995 no fue un día
cualquiera en la historia de la música pop. Ese lunes, Robbie Williams anunció
su salida de Take That, la boy band británica que dominaba las listas de éxitos
con coreografías pegajosas y letras dulzonas. Era el miembro más carismático,
el rebelde de sonrisa torcida que fascinaba tanto como preocupaba, y su marcha
fue como una onda expansiva que resonó más allá del Reino Unido.
Take That había conquistado millones de
corazones, y Robbie, con su actitud desenfadada y su afición por romper las
reglas, se convirtió en el alma traviesa de la banda. Pero esa chispa comenzó a
generar tensiones: su afán de destacar, los excesos fuera del escenario y su
aparente desinterés por la armonía grupal hicieron que sus compañeros lo vieran
más como un riesgo que como un aliado. Las discusiones se intensificaron, los
roces se hicieron insostenibles y fue Jason Orange quien, harto de las dinámicas
tóxicas, exigió que Robbie se marchara o el grupo se desintegraría. Estaban a
punto de embarcarse en una gira europea y no podían permitir que la
imprevisibilidad del cantante saboteara el proyecto.
Aquel adiós marcó no solo el principio del
fin de Take That como lo conocíamos, sino también un giro cultural. Las boy
bands ya no eran inmunes a las tormentas internas, y el mundo empezó a verlas
con otros ojos. Williams se lanzó como solista y, contra todo pronóstico,
triunfó. Su voz, su ironía, su autenticidad y sus letras confesionales le
ganaron el respeto de crítica y público. En cambio, Take That intentó resistir
como cuarteto, pero el brillo nunca fue el mismo.
Treinta años después, aquel momento se
recuerda como un terremoto: el día que un chico decidió que no bastaba con ser
parte del fenómeno, que quería crear uno propio. Robbie Williams se convirtió
en el primer enigma de las boy bands, el que se atrevió a romper el molde y
dejó claro que el pop también podía tener alma.

¡Cumplimos 18 años!