Suze Rotolo, el gran amor de Bob Dylan que no quiso ser "una cuerda más en su guitarra"
Es una de las voces más misteriosas de cuantas merodean al mito del cantautor más influyente del siglo XX
A la salida del cine, una pareja se adentra en el delicado territorio de compartir sensaciones sobre la película. Ella le dice algo así como que la protagonista, Bette Davis, al final regresa a su lugar de origen siendo una mejor versión. Él replica: “mejor no, diferente”.
Él es todavía Bobby, ella es Sylvie, y en ese diálogo está escrita la sentencia de la relación. El último biopic sobre Dylan abunda en la leyenda de encantador farsante del protagonista, rey del disfraz, incluso para quien convive con él. A complete unknown (Un completo desconocido) se une a la filmografía que trata de apresar la al cantautor desde el negativo de la imagen, como si se tratara de delimitar al menos lo que no es Bob Dylan y ver qué queda en el interior.
Y, sin embargo, hay un personaje en la película todavía más oculto que Dylan y es precisamente Sylvie Russo, interpretada por Elle Fanning, cuyo nombre es una máscara –el único pseudónimo de toda la cinta– para ocultar a Suze Rotolo, quien fue en realidad la novia neoyorkina de aquel muchacho de Minnesota, la que le guio en su descubrimiento del Village, la que le animó a dejar a un lado las versiones de repertorio clásico del folk y escribir sobre su tiempo. La que empujó a Bobby a ser Mr. Bob Dylan, el último cantautor profeta.
Suze Rotolo, el gran amor de Bob Dylan (Barlin Libros)
Al parecer, como ha contado la propia Fanning, el nombre falso para el personaje fue una petición del propio Dylan: Rotolo murió en 2011, habiendo sido, durante décadas, de las pocas personas que había conocido íntimamente al artista y nunca había hablado de él públicamente.Fue así hasta 2008, cuando la chica publicó sus memorias sobre la etapa en que convivió con el músico. Doce años después de su primera edición en Estados Unidos, la editorial valenciana Barlin Libros publicó A freewheelin time: en el camino con Bob Dylan. Más de una década había tardado en traducirse una de las voces más misteriosas de cuantas merodean al mito del cantautor más influyente del siglo XX.

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